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La Coctelera

Absurdismo: más allá del límite del absurdo

No intentes comprender nada. No busques lógica. No limpies tus zapatos con betún comestible ni leas las revistas que tapizan tus dientes ciertas tardes. Cepíllate las uñas después de cantar y escupe a tus mayores siempre que tengas miedo.

6 Octubre 2005

Este es mi caso: a mí también se me ha caído una estrella en el jardín

Esta mañana, nada más levantarme, he mirado por la ventana y... ¡horror! Ahí estaba. Siempre pensé que este tipo de cosas nunca me pasarían a mí. De hecho, estaba segura de que el drama lo vivía sólo Mari Trini y nadie más. «¿Por qué a mí se me ha caído una estrella en el jardín?» -se pregunta en ella en uno de sus grandes éxitos. Pues a mí resulta que me ha pasado lo mismo.
Menudo estrellón que se me ha caído en el jardín barroco que rodea mi humilde chabola de plásticos y cartón de cajas de zapatos para perro mastín. Es desorbitada. Y no veáis cómo me ha dejado las petunias. Las tengo hechas unos zorros. La fuente de los patos se ha quedado hecha fosfatina. Las catorce variedades de aves rapaces han emigrado al Congo. El perro que me guardaba la colección de cardos del mundo se ha tirado de un pino (del único que quedaba vivo tras la caída de la estrella).
Ni corta ni perezosa, he llamado a Mari Trini en cuanto he visto el panorama. Estaba en casa, en bata, según me dijo, y un tanto indispuesta. La conversación ha sido más o menos así(n):
-¿Diga?
-¿Mari Trini?
-Sí, la misma que viste y calza.
-Ay, Mari Trini, hija, que a mí también se me ha caído...
-¿Qué me dices?
-Que sí... que una estrella... y que... en el jardín...
-Madre del Amor Hermoso -ha dicho ella con voz entrecortada -. Nunca pensé que mi triste historia afectara a otras personas.
-Pues sí. Se me ha caído una estrella en el jardín, Mari Trini, como a ti aquella vez -he dicho yo, antes de echarme a llorar como un sobao pasiego.
-Pues no es por desanimarte, reina mora, pero mi familia y yo seguimos en tratamiento psico-catológico por lo de la dichosa estrella. Fíjate, que yo hasta hice una canción sobre el tema para ver si lo superaba... Pero nada.
-¿Nada? -he preguntado, mientras me rascaba los sobacos a dos manos con mis afiladas uñas terminadas en dos puntas.
-Nada de nada. Es un marrón de cuidado. Yo te recomiendo paciencia y una visita al Ikea.
-¿Al Ikea? Qué consumista que te me estás volviendo, Mari Trini, hija de Dios.
-Que no, garrula, que no. Vete al Ikea y redecora tu estrella. Quizá eso te ayude. Pero de ahí a recuperar tu jardín... va un abismo.
-Ummm... -he pronunciado, pensativa, tras ventosearme groseramente sobre un cactus-. Veré lo que puedo hacer.
-Perfecto. Te deseo lo mejor. Y ahora tengo que dejarte, porque he quedado con unos señores para enseñarles la estrella.
-Ah, pero... ¿la enseñas?
-Anda, claro, chavalita. Con lo que gano de vender discos no tengo ni pa' pipas.
-¿Y cobras por verla?
-No, mujer... No, woman. Qué cazurra eres -me ha gritado, con una voz ensordecedora-. Lo que quiero es alquilarla para sacarme unas perritas.
-Ah, fenomenal... Quizá me has dado una idea.
-Bueno, querida. Te dejo con lo tuyo. Que Dios guíe tus pasos.

Después de esto, ha colgado el teléfono con un golpe seco que ha hecho temblar mi colección frutos silvestres mordidos por primates mutilados. El hecho es que a mí se me ha caído una estrella en el jardín y que, a partir de hoy, siento que comienza para mí una nueva etapa.

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5 Octubre 2005

Deporte «servilletero» poco apto para menores

Hola, amiguitos y codornices a la vasca:
Disculpad mi ausencia de varios días. Actividades como la poda de conchas de caracol nacidas en los paños para limpiar el polvo, las carreras de podencos mastodónticos y la organización de sardinadas en los huecos de escaleras caducas me han mantenido demasiado ocupada y un poco fuera de la realidad. Pero ya he vuelto, con fuerza, vigor y músculos.
Quiero hablar de una afición que tengo desde los 7,3 años. Se trata de lo siguiente:
Por las noches, siempre y cuando haya luna semi-curva, me lanzo desde la terraza de mi casa o desde un campanario abandonado con un paracaídas hecho de sevilletas de papel utilizadas previamente en establecimientos de comida rápida. Es cierto que cuando era tan sólo una niña con zuecos de madera y trenzas detrás de mis catorce orejas no existían este tipo de restaurantes, pero sí había algunos comedores para mineros y madres solteras sin remisión en los que se empleaban ingredientes muy similares a los de nuestros actuales y amados «fast-food», por lo que mi afición se podía llevar a cabo en toda su pureza.
La parte de confeccionar el paracaídas es la más sencilla. Resulta, sin emabargo, ligeramente más compleja la de reunir las servilletas manchadas. Mi presencia en los restaurantes salchicheros y hamburgueseros no es siempre bienvenida, puesto que, quien más y quien menos, conoce mi dilatada trayectoria en la Asociación por la Defensa de la Fabada Que No Sea de Lata, Coño (ASF QNSDLC), y claro, mi filosofía culinaria y social no encaja en sitios como esos. Por eso tengo que ser rauda, veloz y un poco cóncava a la hora de rescatar las piezas de celulosa grasienta que, tras unas horas de secado al humo de una lumbre hecha de palos de patas de armario, se transforman y adoptan una textura de lo más aerodinámica y una resistencia que más de uno la quisiera para la piel que cubre sus criadillas, oiga. (Junto a este texto adjunto una instantánea de mi prima Petunia -izquierda- y yo instantes antes de penetrar, debidamente camufladas, en un conocido restaurante de comida veloz para proceder a la recolección de las preciadas sevilletas).
Pues bien, cuando las susodichas servilletas han alcanzado el grado óptimo de tenacidad y elasticidad al mismo tiempo, comienzo a unirlas unas con otras sobre un armazón fabricado con cráneos de grullas y saltamontes hembra hasta que el artilugio volador comienza a tomar forma. Justo entonces, cuando comienza, lo dejo un rato y, normalmente, me pongo a bailar una sardana o un par de jotas zaragozanas para liberar tensiones y hacer mi vida más llevadera.
Después (aproximadamente tres horas más tarde) vuelvo a mi tarea y finalizo la estructura completa. El siguiente paso es vestirme con un mono de soldador de color negruzco y ponerme plumas de avestruz en la cabeza para, casi de inmediato, iniciar una carrera de lanzamientos de mi propia estructura ósea que no se la salta un gitano.
Más que los saltos desde mi terraza, plagada normalmente de perros abandonados con las patas unidas entre ellos por una larga correa de goma espuma que les mantiene vivos, me gustan los lanzamientos desde campanarios antiguos, en los que los murciélagos y las señoras de la limpieza hacen piña y se vuelven inquilinos de un lugar sin leyes.
Me encantan estos deportes de aventura. Eso sí, por favor, que ningún niño, niña o toro de lidia realice esta práctica sin la supervisión de una adúltera recién levantada del lecho y cubierta por un fino salva-mateles o, en su defeco, un salva-pantallas para Mac.
Gracias.
Os amo.

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30 Septiembre 2005

Zapatería artesana con dientes y cabello endrino

Perdonadme todos por mi ausencia de varios días. He estado tremendamente deprimida. Me he metido en un armario ropero y me he escondido entre las mantas y los forros polares todo este tiempo y ahora, con un zapato de Primera Comunión entre los dientes, me siento mucho mejor. De hecho, he descubierto una nueva afición que ardo en deseos de relataros. Consiste en morder zapatos como el ya citado hasta perforarlos lo máximo posible y, a continuación, arrancarme, también con los dientes, varios mechones de pelos cuyo destino será la serie de perforaciones realizadas en dicha prenda para los pies infantiles que comulgan por vez primera.
La clave está en conseguir bellas formas con los mechones de cabello, como caballitos de mar, unicornios, nutrias, duendes y lámparas de gas. He elaborado ya varios pares, pero los que más me gustan son unos a los que he añadido una larga trenza formada por cabello de mi cabeza y de la cabeza de cuatro indigentes que vinieron a pedir arroz y azúcar a mi casa. Esta trenza se doba una y otra vez sobre sí misma y debe de pesar unas cincuenta toneladas. Su forma es la de un gigantesco dragón chino que echa fuego y alimañas por la boca. Me siento más artesana que nunca. El problema será cuando pierda todo mi bellísimo pelo endrino.
Mientras tanto, vuelvo a entregarme al arte de la zapatería.

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23 Septiembre 2005

Mi esfínter anal, a tono

Queridos fans y lectores aflautados:
Debo comunicaros que durante el fin de semana no podré relataros mis experiencias tal y como merecéis, puesto que tengo que atender ciertas obligaciones costaleras. En concreto, he quedado con una pandilla de gallinas ponedoras para realizar una sesión de automasaje con rodillo de cocina y espiritismo pseudo-cálcico a través del tocino de una burra afgana. Espero que ambas experiencias sean satisfactorias.
Además, durante nuestra estancia en la catacumba pélvica que hemos alquilado al dueño de un gargajo solariego para nuestra reunión, tendré tiempo para aprender a poner huevos, deporte que siempre me ha atraído de una forma infame y cósmica. Ya he oradado mi esternón y he untado con saña todo mi esfínter anal con una crema burbujeante hecha a base de altavoces para coche, tacos de papel para coger notas, tijeras de podar, uñas de águila, aceite de Julio Iglesias y orina de camella con dentición sana. Al parecer, esto es mano de santo para las primerizas.
Ya os relataré mis sensaciones. Sólo quiero que sepáis que os echaré de más y que para mí esta cita es muy importante, pues está en juego mi parénquima empalizado, mis rocas aborregadas, mis tentáculos y el ambientador de mis cruceros sobre hierba artificial. Por eso he elegido este traje de gala y me he tomado una foto con la cámara de aire de mis ruedas parlantes. Os deseo lo mejor. Espero que disfrutéis de mi aspecto durante mi ausencia barata y de emperatriz búlgara.

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22 Septiembre 2005

NECESITO AYUDA: ¿Con cuál de los tres me quedo?

Queridos/as todos/as:

En vista de que no me sale un buen partido, un mozo casadero como mandan las santas ordenanzas, he decidido lanzarme a por todas. He acudido a una agencia matrimonial llamada «Más que amor, bisturí» y me han ofrecido a tres candidatos, de entre los que me tengo que quedar sólo con uno para acordar una cita. Os pido vuestra inestimable ayuda en el proceso selectivo. Los maromos son los siguientes:

1.- Petunio, 33 años, Aranda de Duero (Burgos).- Es sincero, coqueto y manirroto. Gusta de conmover a sus semejantes con tiras de maíz sabor barbacoa y se siente como una «anchoa que surca el vientre». Se dedica a la enseñanza, pero también al aprendizaje. Sus aficiones son la caza de galgas, el cocido hindú, la marroquinería de piel de membrillo curtida y los tés con sabores del Más Allá. Se corta las uñas con los tresillos de su casa y no sabe hacer la «o» con un espéculo.

2.- Antoñito, 29 años, Socuéllamos (Ciudad Real).- Es bueno en las camas de los demás, pero nunca en la suya. Sabe muy bien qué tipo de hígado debe cocinar para conquistar a una yegua lozana, aunque carece de croquetas entre los labios. Se ha dedicado muchos años a emparedar a sus familiares lejanos y a vender después los pisos a los más cercanos. Por esto, y por mucho más, es conocido en Tetuán. Sus aficiones son los pies de gato macerados en barrica de Móstoles, las montañas de basura a punto de explotar, el día a día de un glaciar en erupción y el Tribunal de Buenos Entendidos.

3.- Sorayo, 43 años, en paradero desconocido.- Se embadurna el torso, cada mañana, con mahonesa baja en calorías y después lame cada rincón de la casa con el fin de complacer a la víctima. Se entrega a la pareja como un corzo a una lechuza hipnotizada y siente ciertos espasmos en el intestino delgado cuando de escalar colinas férricas se trata. Practica deportes de sardina y algunos, aunque escasos, de codorniz mugrienta. Suele salir a pescar en las alcantarillas de al lado de casa, de donde obtiene grandes ingresos y cuellos uterinos. Sus aficiones son la poda de librerías, la siembra de sellos de dos pesetas y, sobre todo, las danzas de procedencia desconocida para las que haya que mover el entrecejo con fijación.

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22 Septiembre 2005

Belleza y solidaridad conviven en tu páncreas

¿Alguna vez te has preguntado por qué unas personas tienen el páncreas musculado, rodeado de una piel tersa y bien prensada, y decorado con ilustraciones al aguafuerte de indescriptible brillantez? Por fin tienes las claves para conseguirlo:

1.- Depura tus jugos gástricos con la ayuda de una manopla de baño bien engrasada. Eso ayudará a tus pentagramas a salirse de madre.
2.- Interroga a tu pelvis acerca de sus andanzas, porque ella, y sólo ella, sabe como anudarte los cordones.
3.- Cálzate unas buenas polainas y descoyunta alguna de tus extremidades colgándote de un arbol tropical.
4.- Amasa tus cervicales con la garra afilada de cualquier cigüeña de tu familia. De este modo, lograrás reducir tus pensiles y galvanizarte entero/a.
5.- Y, por último, pero no menos inquietante, carraspea entre dientes siempre que alguien se te acerque con intenciones de seleccionarte para jugar en un equipo de tercera pretensión. Es así como harás posible un vínculo de unión puramente azaroso entre las puntas abiertas de tu cabello moruno y la sequedad que, en tus talones, forma grandes desiertos y proporciona un hogar mejor a los Clips de Playmobil. De este modo, no sólo embellecerás tu fisonomía, sino que, además, colaborarás en una buena y penitente causa.

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22 Septiembre 2005

Poción anti estrés

El otro día estuve paseando entre cocoteros, con los senos desnudos la mirada desviada hacia la esquina inferior supraexterna, y me di cuenta de que la vida es como una cazuela de croquetas estupefactas que se desenredan el cabello entre los juncos. Me sentí coetánea, la verdad, y un tanto sístole y diástole absorvente. Es cierto que el sinsabor del cuarzo me atrae, pero... ¿qué debo hacer con respecto a mis trenzas masónicas? No sé si debo cambiar mi imagen o, simplemente, concatenar mi planicie en un mortero de textura amarmolada.
Por todo eso, quiero decir que hoy, y sin que sirva de porcentaje, me dedicaré a una actividad que de veras me relaja: la fusión de termitas en cazuelas de bronce torneado para la adecuada elaboración de una masa uniforme que me cubra las quijadas y seduzca a mis amantes más purulentos. Quizá abandone las cazuelas de dicho material y opte por piscinas desmontables de las que se hinchan con el aire del colágeno, porque puede que, de esta manera, me sienta más rentabilizada. Lo que sí tengo claro es que serán termitas de buena familia, con papeles de regalo y voz atildada. Además, la mezcla incluirá una tostadora, tres cuadernos de renglones y un pellizco de clave de sol.
Espero encontrarme mejor dentro de trece minutos y treinta segundos. Y ahora, disculpadme, voy a preparar con tesón mis mascarilla.

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21 Septiembre 2005

Un collar hecho de amor y millares de legañas

Estoy en un dilema psico-socio-sexo-matricial. No sé qué hacer, a dónde ir, de dónde vengo o cuál es el atún del Caprabo que está de oferta esta semana. Estoy en un sinvivir, un sinsentido, un sinsabor, un simpapeles y un sinvergüenza. A continuación os voy a contar, mientras recorto las uñas de mis pies con la tapa de una alcantarilla dorada, lo que me ha sucedido.
El hecho es que estoy apuntada a unas clases de baile de los pezones (es igual que la danza del vientre, pero con los pezones) y la verdad es que va la mar de bien para combatir el sinsabor de la existencia y los coágulos que se suelen formar detrás de las gafas. Pues bien, a estas clases, que se imparte en la trastienda de un establecimiento dedicado a la compreventa de cucarachas de maíz rellenas de lana virgen, va un chico muy fornido y bonachón llamado Diccionario. Algunas veces me ha tocado estar con él de pareja o hacer algún mural para Navidad, y siempre nos hemos llevado bien. Pero él me acaba de confesar que siente algo más. Que no puede conformarse con nuestro compañerismo y nuestra amistad soterrada tras la danza del pezón (procedente de una tribu indígena, actualmente desaparecida, que habitaba entre los huecos que quedan entre estantería y estantería en la Fnac).
Ha sido muy intenso, porque él me ha llevado a su casa de madera y barro precocinado y me ha dicho que me ama y que, para demostrarme su pasión, ha elaborado con sus propias legañas un collar precioso que en estos momentos adorna mi cuello. Me ha dicho que ha tenido que hacerse con millares de legañas para construirlo, y que, como es natural, no ha sido nada fácil. Yo no he sabido qué decir, salvo que mañana mismo le daré una respuesta. ¿Qué me recomendáis?

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Sobre mí

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Absurdismo: más allá del límite del absurdo

Sumidero Sur, España
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Me tapo las nalgas con una pequeña falda confeccionada con trozos de viejas botellas de plástico que antes albergaron agua de manatial. Calzo sandalias hechas con tiras de papel maché. Fumo siempre a las siete menos cuarto, y siempre cigarrillos de azúcar moreno (nunca rubio). Me encanta recortar códigos de barras y fotos de libélulas para diseñar mis complementos. Odio pillarme los dedos con la tapa del báter de mis vecinas las de abajo, las hippies locas, y me entusiasma mascar chicle con piedrecitas dentro. Si quieres saber más sobre mí, sólo tienes que leerme sin atención. Lo demás, vendrá solo.

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