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La Coctelera

Absurdismo: más allá del límite del absurdo

No intentes comprender nada. No busques lógica. No limpies tus zapatos con betún comestible ni leas las revistas que tapizan tus dientes ciertas tardes. Cepíllate las uñas después de cantar y escupe a tus mayores siempre que tengas miedo.

14 Octubre 2005

De cómo me sentí cuando salí del útero

El día en que yo nací, nacieron todas las flores. Ese día llovía azúcar moreno en la Península y más allá de las cejas. Recuerdo -porque tenía yo por entonces una memoria voraz y despiadada para mi corta edad- que cuando salí del útero materno, noté una extraña sensación. Fue como si una manada de becerros me acariciase el cráneo con sus lenguas y como si el pico de una cigüeña negra (actualmente en peligro de extinción) picoteara mis nalgas con un ritmo frenético. Pronto mis avispados ojillos de ex-nasciturus se dieron cuenta de que lo que sentía no era sino las caricias de las enromes manos de mi madre, que por entonces lucía unas inmensas palmas repletas de incrustaciones de diamante y decoradas con piel curtida de alce. Enseguida comencé a sentirme como en casa.
Mi madre dio a luz ella sola, sin nadie a su lado, sin perrito que ladrara junto a su cama de parturienta y sin cuidados médicos de los de ahora. Las modernidades no tenían cabida en la época. Ella se apañó la mar de bien, puesto que se hizo con una estupendas tenazas de la chimenea y con un bidón de agua bendita que, dicho sea de paso, fueron los que me dieron la vida.
Me he acordado de todo esto porque dentro de trece años es mi cumpleaños. Antes no se cumplía un año cada vez, sino uno cada trece años, puesto que el bajo poder adquisitivo no permitía celebrar tantas fietas como ahora. Yo sigo manteniendo esta costumbre, pero ya he empezado a planear mi fiesta, en la que habrá decenas de cocoteros parlantes meneando el esqueleto, algún que otro guardia de tráfico que ponga orden en mis bostezos y una patata manoseada que irá de boca en boca sin que le pese. Y es que, ya se sabe... el día que yo nací, nacieron todos los faisanes del Sudeste Asiático.

servido por Absurda 6 comentarios compártelo

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

engelson

engelson dijo

Entonces calculo que tienes de uno a tres añitos, no puedo decir más ya que no se lo que es ex-nasciturus.
PD. ya he caído en la cuenta de lo mío, a ver si lo arreglo: ¡viva el código penal!, ¡vivan las instituciones!, ¡viva la legalidad vigente!

14 Octubre 2005 | 09:39 AM

Tirolesa

Tirolesa dijo

Viva lo absurdo y los Cleenex perfumados.

14 Octubre 2005 | 10:40 AM

GUSSANITA

GUSSANITA dijo

que siga viviedo boris vian!

16 Octubre 2005 | 05:22 PM

pasaba por aquí

pasaba por aquí dijo

pasaba por aquí y he visto algo absurdo,demasiado absurdo,
absolutamente ..... relaciones.....papel con tijera, cielos e infiernos....., ¿faisanes en el sudeste asiático?, dejáme que lo compruebe. No se dónde he leido que lo más absurdo es ser preciso, concreto, exacto.
Bueno, digo como GUSSANITA ¡viva Boris Vian!, mi querido Boris Vian. Un saludo.

24 Noviembre 2006 | 01:12 PM

Chipita

Chipita dijo

Perdonen todos ustedes, queridos amigos.

Nuestro Vian dista mucho de escribir absurdeces: Vian es un existencialista. Su técnica literaria incluye enredaderas, puzzles, juegos lingüísticos y humor negro; pero sobre todo, existencialismo del güeno.

Un beso para tod@s!

P.D. Mi centro de investigación científica llevaba años buscando al culpable de la plaga de faisanes. Ya te cogeremos, ya...

30 Octubre 2007 | 12:55 AM

salbard

salbard dijo

aqui desde mi cubo alzando mi pelvis.
sin duda has rozado lo hipotermia
con el uso de la no coherencia-cohesión,
desactividismo.

saludos

www.svb-atoutlemonde.blogspot.com

26 Agosto 2008 | 07:20 PM

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Sobre mí

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Absurdismo: más allá del límite del absurdo

Sumidero Sur, España
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Me tapo las nalgas con una pequeña falda confeccionada con trozos de viejas botellas de plástico que antes albergaron agua de manatial. Calzo sandalias hechas con tiras de papel maché. Fumo siempre a las siete menos cuarto, y siempre cigarrillos de azúcar moreno (nunca rubio). Me encanta recortar códigos de barras y fotos de libélulas para diseñar mis complementos. Odio pillarme los dedos con la tapa del báter de mis vecinas las de abajo, las hippies locas, y me entusiasma mascar chicle con piedrecitas dentro. Si quieres saber más sobre mí, sólo tienes que leerme sin atención. Lo demás, vendrá solo.

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