Este es mi caso: a mí también se me ha caído una estrella en el jardín
Esta mañana, nada más levantarme, he mirado por la ventana y... ¡horror! Ahí estaba. Siempre pensé que este tipo de cosas nunca me pasarían a mí. De hecho, estaba segura de que el drama lo vivía sólo Mari Trini y nadie más. «¿Por qué a mí se me ha caído una estrella en el jardín?» -se pregunta en ella en uno de sus grandes éxitos. Pues a mí resulta que me ha pasado lo mismo.
Menudo estrellón que se me ha caído en el jardín barroco que rodea mi humilde chabola de plásticos y cartón de cajas de zapatos para perro mastín. Es desorbitada. Y no veáis cómo me ha dejado las petunias. Las tengo hechas unos zorros. La fuente de los patos se ha quedado hecha fosfatina. Las catorce variedades de aves rapaces han emigrado al Congo. El perro que me guardaba la colección de cardos del mundo se ha tirado de un pino (del único que quedaba vivo tras la caída de la estrella).
Ni corta ni perezosa, he llamado a Mari Trini en cuanto he visto el panorama. Estaba en casa, en bata, según me dijo, y un tanto indispuesta. La conversación ha sido más o menos así(n):
-¿Diga?
-¿Mari Trini?
-Sí, la misma que viste y calza.
-Ay, Mari Trini, hija, que a mí también se me ha caído...
-¿Qué me dices?
-Que sí... que una estrella... y que... en el jardín...
-Madre del Amor Hermoso -ha dicho ella con voz entrecortada -. Nunca pensé que mi triste historia afectara a otras personas.
-Pues sí. Se me ha caído una estrella en el jardín, Mari Trini, como a ti aquella vez -he dicho yo, antes de echarme a llorar como un sobao pasiego.
-Pues no es por desanimarte, reina mora, pero mi familia y yo seguimos en tratamiento psico-catológico por lo de la dichosa estrella. Fíjate, que yo hasta hice una canción sobre el tema para ver si lo superaba... Pero nada.
-¿Nada? -he preguntado, mientras me rascaba los sobacos a dos manos con mis afiladas uñas terminadas en dos puntas.
-Nada de nada. Es un marrón de cuidado. Yo te recomiendo paciencia y una visita al Ikea.
-¿Al Ikea? Qué consumista que te me estás volviendo, Mari Trini, hija de Dios.
-Que no, garrula, que no. Vete al Ikea y redecora tu estrella. Quizá eso te ayude. Pero de ahí a recuperar tu jardín... va un abismo.
-Ummm... -he pronunciado, pensativa, tras ventosearme groseramente sobre un cactus-. Veré lo que puedo hacer.
-Perfecto. Te deseo lo mejor. Y ahora tengo que dejarte, porque he quedado con unos señores para enseñarles la estrella.
-Ah, pero... ¿la enseñas?
-Anda, claro, chavalita. Con lo que gano de vender discos no tengo ni pa' pipas.
-¿Y cobras por verla?
-No, mujer... No, woman. Qué cazurra eres -me ha gritado, con una voz ensordecedora-. Lo que quiero es alquilarla para sacarme unas perritas.
-Ah, fenomenal... Quizá me has dado una idea.
-Bueno, querida. Te dejo con lo tuyo. Que Dios guíe tus pasos.
Después de esto, ha colgado el teléfono con un golpe seco que ha hecho temblar mi colección frutos silvestres mordidos por primates mutilados. El hecho es que a mí se me ha caído una estrella en el jardín y que, a partir de hoy, siento que comienza para mí una nueva etapa.

engelson dijo
Has hecho bien en llamar a la famosa cantautora, es más: has hecho bien en todo.
6 Octubre 2005 | 05:11 PM