¿Alguna vez te has preguntado por qué unas personas tienen el páncreas musculado, rodeado de una piel tersa y bien prensada, y decorado con ilustraciones al aguafuerte de indescriptible brillantez? Por fin tienes las claves para conseguirlo:

1.- Depura tus jugos gástricos con la ayuda de una manopla de baño bien engrasada. Eso ayudará a tus pentagramas a salirse de madre.
2.- Interroga a tu pelvis acerca de sus andanzas, porque ella, y sólo ella, sabe como anudarte los cordones.
3.- Cálzate unas buenas polainas y descoyunta alguna de tus extremidades colgándote de un arbol tropical.
4.- Amasa tus cervicales con la garra afilada de cualquier cigüeña de tu familia. De este modo, lograrás reducir tus pensiles y galvanizarte entero/a.
5.- Y, por último, pero no menos inquietante, carraspea entre dientes siempre que alguien se te acerque con intenciones de seleccionarte para jugar en un equipo de tercera pretensión. Es así como harás posible un vínculo de unión puramente azaroso entre las puntas abiertas de tu cabello moruno y la sequedad que, en tus talones, forma grandes desiertos y proporciona un hogar mejor a los Clips de Playmobil. De este modo, no sólo embellecerás tu fisonomía, sino que, además, colaborarás en una buena y penitente causa.