Sangrar algo más que sangre
El otro día, mientras paseaba por el vertedero municipal de Bollullos Par del Condado (Huelva) junto a mi tío abuelo Pilímetro, escuché una extraña conversación telefónica. Junto a dicho vertedero hay varias cabinas telefónicas de última generación que funcionan con la energía procedente de la putrefacción de los desechos y, en uno de los teléfonos, había una chica negra con rasgos hindúes y nariz gallega que le decía a quien escuchaba al otro lado del hilo de fibra de vidrio y cobre magrebí:
-No sé qué hacer... Anoche volvió a sangrar sangre y en la clínica no saben lo que le pasa.
Pronto algo que brillaba en el suelo y alrededor de lo cual zumbaban varias moscas acaparó nuestra atención. Minutos después, la frase de la joven, que había abandonado el lugar a grandes zancadas sonoras y silvantes, volvió a mi mente: «Anoche volvió a sangrar sangre». Había algo extraño en dicha oración afirmativa: «sangrar sangre». No pude retenerme y rompí el silencio entre mi tío abuelo Pilímetro y yo:
-Tío Pilímetro, ¿acaso se puede sangrar otra sustancia que no sea sangre? ¿No ha sido esa una frase reiterativa hasta el extremo?
-No, hija mía -me respondió él, al instante, dando rienda suelta a su colección de gestos grandilocuentes y a su tartamudeo decrépito y roncamente agrio-, también se puede sangrar Fanta.
Los ojos se me abrieron hasta el extremo y los párparos se me desgarraron a causa de la sorpresa. Miles de preguntas se agolparon en mi mente, pero la búsqueda de desperdicios era más fuerte que nosotros y el tema quedó cerrado con esa intervención de mi tío abuelo Pilímetro. Horas después, nos despedimos con un beso en el páncreas y yo regresé a casa a pasitos pequeños y cargada de esa incertidumbre que ahora no puedo ver saciada. ¿Sangrar Fanta? Tengo que documentarme al respecto. El deber me espera.

JT dijo
vaya giliposhez, oiga!
31 Agosto 2005 | 12:18 PM